La Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas se suma al “Año Altamira” con un libro que recoge su discurso de entrada en la institución y sus logros en la educación pública española
Difícil reunir más sabiduría y más cultura en cien metros cuadrados. En el auditorio “Fuentes Quintana” de la sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMYP), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, se presentó el martes oficialmente el último de los libros editados para poner en valor el legado de Rafael Altamira y Crevea.
La publicación recoge íntegro el discurso de ingreso en la Academia que pronunció Altamira en mazo de 1912, el discurso de “contestación” que pronunció el académico Amós Salvador, y tres extensos y profundos estudios sobre diversas facetas profesionales del jurista, para acabar con referencias a la repatriación de sus restos desde México conseguida por el Ayuntamiento de El Campello y a la ceremonia de inhumación celebrada el 10 de febrero de 25 bajo la presidencia del Rey Felipe VI.
Ante un auditorio muy especial, integrado por catedráticos, académicos, representantes de universidades e instituciones docentes, literatos y reconocidos intelectuales de proyección nacional e internacional, el acto fue conducido personalmente por Benigno Pendás, presidente de la Real Academia, que se encargó de presentar a cuantos le iban sucediendo en el uso de la palabra, comenzando por el alcalde de El Campello, Juanjo Berenguer (especialmente invitado al evento); Ricardo Sanmartín, profesor titular en el Departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica de la Universidad de Alicante y coordinación del libro; Petra María Pérez Alonso-Geta, profesora de la Universitat de València y catedrática de Teoría de la Educación, y José Antonio González Alcantud, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada.
Si impactaban los intervinientes, quizás más lo hicieron los asistentes sentados en el estrado principal, en los que situaron sobresalientes académicos como Rodolfo Martín Villa, miembro de número de la institución. Y, ya entre el público, el historiador y experto en la figura del jurista alicantino, Rafael Asín Vergara; el profesor de Ciencia Política José Ferrándiz Lozano, o Ignacio Ramos Altamira, bisnieto del protagonista del acto cultural al que se rendía homenaje. El acto se celebró en la sede oficial de la Real Academia, sita en la Plaza de la Villa de Madrid, en un inmueble del siglo XV que es el edificio civil más antiguo de la capital, conocido como “Casa y Torre de los Lujanes”.
Entre sus múltiples facetas profesionales, Rafael Altamira fue académico de Ciencias Morales y Políticas, institución que decidió dar forma al libro sobre el paso del ilustre alicantino, editado por la Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado, cuyo director de la colección de Derecho Histórico, José Antonio Escudero, catedrático de Historia del Derecho de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y miembro numerario de la Real Academia, estuvo en el acto.
“Una sociedad que homenajea a los mejores, se homenajea a sí misma”, señaló con énfasis Benigno Pendás, que remató la frase con otra gran verdad; “Rafael Altamira fue y es un personaje admirable que ha dejado huella en la historia de España”.
Altamira fue académico durante años, y asistió a más de 300 de sus sesiones ordinarias, que se celebran los martes. Combinó ese trabajo con otras muchas facetas profesionales, pues fue “un intelectual sobresaliente, gran orador, investigador e incorruptible”, se dijo en los discursos, que destacaron las reformas que auspició para que la educación pública de España se convirtiera en seña de identidad y progreso, el reconocimiento del maestro como pilar fundamental de la sociedad, y los esfuerzos para sentar las bases de un sistema educativo abierto, participativo y solidario.
MANTENER VIVA LA MEMORIA
Convocantes y público siguieron con especial interés el discurso de Juanjo Berenguer, el alcalde de El Campello que consiguió la repatriación de los restos de Altamira 73 años después de su fallecimiento en México para ser inhumados en el Cementerio Municipal.
“Para El Campello, que este año celebra sus 125 años de historia como municipio independiente de la ciudad de Alicante, la figura de Rafael Altamira no es solo la de un intelectual de talla universal, sino también la de un hombre profundamente vinculado a nuestra tierra, nuestra historia y nuestra identidad colectiva”, dijo el alcalde.
“Desde El Campello”, añadió, “sentimos como propia la historia de Altamira, porque también forma parte de nuestra responsabilidad colectiva mantener viva la memoria de quienes, como él, contribuyeron a construir una España más culta, más justa y abierta al mundo”.
Juanjo Berenguer afirmó que la repatriación y posterior inhumación de Rafael Altamira y su esposa en El Campello fue “un acto de justicia histórica y reconocimiento moral. Traer de vuelta a Altamira a casa significaba restituirle simbólicamente a la tierra que le vio crecer y que nunca dejó de formar parte de su identidad…Significaba también cerrar, en la medida de lo posible, una herida abierta por la historia, y reafirmar nuestro compromiso con la memoria, la dignidad y la reconciliación”.
volver
